Los mercados se han convertido en espacios naturales de trabajo y subsistencia de miles de niños, niñas y adolescentes que compiten con los adultos en múltiples faenas para aportar sus ingresos a las ya precarias economías familiares.
Es un trabajo en un medio hostil, en horas de la madrugada por lo que sufren maltrato físico y psicológico; insultos y están expuestos al acoso y abuso sexual.
Muchos menores sufren dolores musculares, lesiones, fracturas y deformación de la columna debido a los grandes pesos que cargan o arrastran.
Suelen ser víctimas de atropellos y padecen con frecuencia enfermedades dermatológicas y afecciones bronquiales.
Esta actividad interfiere en su acceso y rendimiento en la escuela, lo que se ve agravado por la deficiente alimentación que reciben.